miércoles, 9 de enero de 2019

Navidad

Se acabaron las vacaciones de Navidad. No es que lo hayamos pasado mal, pero cada vez es más difícil todo con Quique. 
Ha pasado buenas vacaciones, quitando los días señalados donde perder sus rutinas, encontrarse con mucha gente y comer en sitios nuevos no le ha gustado demasiado. Muchos nervios y algo incómodo. 
Esta vez, Nochebuena y Nochevieja las hemos pasado en casa. Solo los cuatro. Y ha sido un acierto. Al principio me daba pena eso de no reunirnos con el resto de la familia para celebrar una noche especial al año. Sin embargo, pensándolo bien, tenemos la suerte de poder juntarnos toda la familia cuando nos apetezca y lo hacemos. No tiene por qué ser una noche señalada. Puede ser cualquiera. Y para Quique ha sido lo mejor. Evitar los nervios de meterle en una casa llena de gente, de cenar "medio obligado" en la mesa con todos, el que esté llorando, gritando y deambulando de acá para allá sin saber qué hacer, no tiene precio. 
El 24 cenamos los cuatro juntos en casa. Y después la rutina de siempre, dientes, pañal y a dormir. Más a gusto que nadie. Disfrutó su noche.
Y en Nochevieja igual. Le importa muy poco comerse las uvas a las doce para despedir el año. ¿Para qué íbamos a obligarle a aguantar hasta tan tarde? Cenó, le ofrecí uvas a eso de las 9 y no quiso ni probarlas. Pues nada, su rutina, dientes, pañal y a dormir. Y tan contento. Otra noche que disfrutó. 
En realidad, la disfrutamos todos, él a gusto en la cama y nosotros de cachondeo con Irene en el salón. Sin gritos, sin llantos y sin nervios. Nos ha encantado.
En cuanto a la conducta. La agresividad desapareció por completo con el risperdal. Dejó de hacerse heridas y de pegar constantemente. Está algo más tranquilo, especialmente por la mañana y por la noche. Ahora se está torciendo otra vez por las tardes. Parece que el risperdal ya no va a ser suficiente para controlarle. 
Es cierto que esta medicina marcó un antes y un después en la conducta de Quique. Desde que lo toma duerme fenomenal y él solo. No hace falta ni acompañarle hasta que se quede dormido. Es meterle en la cama arroparle y solito se duerme. Encima se va tan contento, riendo. Notas que le apetece estar ahí y se duerme en un segundo. Apenas tiene despertares nocturnos y si los tiene, él solo se vuelve a dormir. Es cierto que alguna noche se levanta corriendo por toda la casa y, como no, encendiendo todas las luces. Lo bueno es que le vuelves a llevar a su cama y se duerme enseguida. Y él solo. Es algo que me sorprende. Pensaba que esto no iba a suceder nunca. Antes no solo había que acompañarle hasta que se durmiera. Además, se despertaba varias veces por la noche y si querías que volviera a dormir tenías que hacerlo tú con él. Este ha sido un gran avance.
Menos mal que aún hay cosas que mejoran porque, por otra parte, ya solo vemos pérdidas. Apenas habla nada. Ya no se interesa absolutamente por nada. Ni siquiera le llamaban la atención los regalos de Reyes, que por cierto se han portado muy bien.
Y las tardes ahora las pasa todo el tiempo llorando y gritando. A ver si damos con la dosis o el medicamento que le ayude a estar más tranquilo.
Supongo que son fases que va experimentando.

1 comentario: